Cuando dar por terminado un cuadro
Decía Picasso que cuando la historia que queríamos contar, ya está contada.
Si lo dice Picasso, eso va a misa.
Sí, ya, dicho así parece muy fácil, pero es más complejo en la práctica determinar cuando dar por acabada una obra.
Hay una línea muy fina entre una obra acabada y una obra relamida, demasiado sobada, demasiado complaciente. A veces se trata sólo de una pincelada más. Una pincelada más y ya se nos ha ido al otro lado, a ese que no queremos ir. Vuelta atrás, corregimos y quitamos la pincelada. Ahora sí funciona. Se acabó hay que soltar los pinceles y firmar la obra.
Este cuadro lo empecé a pintar hace tiempo. Las texturas están acabadas, ya no voy a poner más y lo he firmado, pero no sé porqué lo firmé, cuando aun me falta poner alguna figura o figuras, no sé. Espero que no me quede relamido. :)
Je, je, cuantas veces, me he saltado mi propia norma, de «No retocar, después de firmar» y he vuelto a insistir en un cuadro ya firmado y en teoría acabado. ¡Muchísimas veces! incontables. Al momento o al día siguiente, ya sabes la almohada es nuestro Pepito Grillo ¡Ay la inseguridad!
A mi en particular me encanta lo abocetado, la obra que parece inacabada, porque me da miedo y huyo de lo relamido, de lo obvio. Entonces suelo trabajar algunas zonas, que dejo más acabadas y otras que las dejo ahí como si fueran un dibujo, algo en su etapa inicial, en el planteamiento.
No hay que perder el efecto sorpresa. Sorprendernos a nosotros mismos. Aprender cosas nuevas. Divertirnos o sufrir con lo que estamos haciendo. Todo menos la tibieza, el aburrimiento, lo consabido.
Entrar al Estudio con ojos nuevos, con el mismo entusiasmo de un niño.
Cuantas veces después de acabar un cuadro que me parece que ha quedado bien, me doy cuenta de que ha quedado «demasiado bien», entonces lo que he hecho es destruirlo (no lo he tirado) pintar encima.
Había un pintor que siempre llevaba óleos y pinceles consigo cuando iba a visitar las casas de sus coleccionistas, y sin que se dieran cuenta, retocaba sus obras.
Y cuentan de él, que en su lecho de muerte, encomendó a su hijo que fuera a casa de un coleccionista y retocara uno de sus cuadros, subiendo de tono un amarillo que le parecía que había quedado un poco pálido. Menos mal que mis cuadros vendidos no los tengo cerca, sino capaz que hacía lo mismo. No, no, no, algunos de los que tengo colgados en mi casa, no los he tocado más. Con defectos o sin ellos es una etapa que me sirvió para llegar a la siguiente, así que se quedan tal cual. Claro la cosa es que cuando los barnizas, ahí ya no hay vuelta atrás ¿O sí? Quién sabe…
La frescura, lo espontáneo en una obra es muy importante, porque resulta que estamos siendo más sinceros. Por eso para los artistas que les da miedo perder el control de la obra, que no quieren dejar nada al azar. ¡Cuidado! porqué corren el peligro de pasarse al otro lado, al lado oscuro, al mundo de lo «Relamido» Ja, ja, ja.
Así que vale más quedarse corto, que insistir en querer seguir explicando algo que ya está muy claro.
Corot un moderno, en un mundo antiguo, rancio y academicista, donde los cuadros tenían que tener un acabado prístino, según los Jurados de la época, donde la pincelada no debía notarse, de lo contrario se consideraba una mala obra de un mal pintor. Se pintaba a base de capas de color muy diluidas. Se le daba más importancia al acabado, al aspecto decorativo que a cosas más importantes, como la composición, la luz, etc. Él rompió con eso, pintando con pincelada gruesa y matérica y trabajando con volúmenes, dando importancia a la luz y la sombra. Sus paisajes tienen una composición sólida y contundente.
¡Que grande Corot! ¡Me encanta!
Y tu, ¿cuando das por acabado tu cuadro?
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Tengo la misma norma que tu, no retocar incluso los menos defectos o formas que puedas hacer porque a mi modo de verlo siempre le quitan la naturalidad de la obra, un genial artículo que me ha encantado leer, enhorabuena