La casa de mi abuela donde yo nací y viví algunos años, estaba llena de lo que ahora definiríamos como “okupas”.
Todo el que venía del pueblo, primos tíos, etc…, ¡A casa de mi abuela!. Allí todo el mundo tenía cabida, eran tiempos difíciles, años de la postguerra, donde el que tenía un poco lo compartía con el que no tenía nada. Todo racionado.
Había una habitación a un lado de la casa, que ahí sólo dormían los hombres, al otro lado otra habitación donde dormían las mujeres y enmedio de las dos, la habitación donde dormían mis abuelos, con tres puertas una a cada habitación y otra al comedor y con una cómoda alta llena de cajones que me encantaba. El colchón era de lana y había que estudiar un máster para hacer la cama, a veces ayudaba a mi abuela a hacerla y era como amasar con las manos íbamos cogiendo lana de un lado y pasándolo a otro que había quedado hundido por el peso del cuerpo durante la noche y repetíamos la operación hasta que quedaba igualado por todos sitios, luego iban cayendo las sabanas blancas de algodón que alisábamos con las manos y remetíamos bien por todos los lados del colchón. Todo un ceremonial, nada que ver con ahora que echas el edredón y a correr.
La habitación donde dormían los hombres, tenía una única ventana que daba a un patinillo (un pequeño patio interior) Ahí dormían cinco o seis hombres. Cuando hacía calor, abrían la ventana del patinillo, pero entonces entraban los mosquitos y les picaban. Mi padre, que también dormía en esa habitación antes de casarse con mi madre, me explicaba años después que ingeniaron un sistema para que no les picaran los mosquitos. Se tapaban la cara con las camisas y respiraban por las mangas.
La habitación de las mujeres daba a un patio exterior compartido con otros vecinos. En ese patio, mi abuelo ponía el pick up y…¡a bailar todo el mundo! ¡Le encantaba la música!, también creo recordar haber visto músicos tocando allí en el patio.
La cocina de mi abuela era como las Ramblas de Barcelona, todo el mundo pasaba por allí, era una zona de paso para ir a la azotea, así que los vecinos pasaban y cruzaban a tender la ropa o a lo que fuera.
Sólo había un retrete (que no baño) en el patio, que compartían con los demás vecinos. Posteriormente mi abuela hizo un aseo, pero taza de váter y lavabo nada más, que las duchas no existían.
La azotea, eso ya son palabras mayores, porque para ir a la azotea había que subir por una escalera de caracol angosta, de madera, con algunos escalones rotos. Oscura y tenebrosa para una niña pequeña. ¡Que miedo me daba subir por esa escalera!.
Un día desaparecí, tendría yo unos tres o cuatro años. Durante unas horas no se sabía donde estaba, mis padres, mis tíos, todo el mundo buscándome, recorrieron las calles de alrededor desesperados. Creo que fue una de mis tías que dijo que podía estar en la azotea. Subieron y allí estaba yo subida al estrecho pretil que daba a la calle. Cuando intentaban cogerme, empezaba a correr por el pretil. Cuando por fin me echaron el guante, recibí una soberana paliza de mi abuela, bueno no sería tan soberana, sería más bien plebeya, porque ni me acuerdo y además cuentan que ni rechisté. Les hice pasar un buen susto.
La casa de mi abuela era una casa llena de vida y de gente, jugábamos, reíamos. A mi abuelo le gustaba jugar a la lotería y al parchesi, así lo pronunciaba él, tal cual se escribe. Y ahí nos poníamos todos a jugar, chicos y grandes, las novias de mis tíos, los novios de mis tías, familiares, amigos.
El tejido de la vida, las vivencias, las generaciones, el aprendizaje.
todos hemos tenido esa casa de la abuela ana…. sabes me gusta pintar ,siempre me encantó desde la Escuela…. en l994 hice una exposición con otra amiga y vendi, fué muy ilusionante para mi. algo que hacia lo compraba alguien . Luego la vida te depara cosas que te obligsn a dejarlo, y ahora mis,mo comomienzo otro tipo de vida. un dia no se como, vi el blog de ana gonzalez y vi unas estupendas clases sobre teoria y tecnicas de pintura, lo cual me gustaron. bueno que tengas muchas suerte. luisa
Gracias Luisa, bienvenida!! Entiendo por tus palabras que retomas de nuevo la Pintura, pues me alegro ¡Animo!