Esta semana he estado haciendo un poco el tonto, no haciendo nada concreto, es decir divagando, pintando y pensando. Lo que he pintado a modo de experimento. Un detalle del cuadro de la Infanta Margarita, de Velázquez. Ha sido una especie de copia del gran Maestro y lo que me ha llevado al tema que trato hoy.
Mis reflexiones han sido sobre el estilo y como influye en la creatividad. Si el estilo nos encorseta y nos resta espontaneidad, o si se puede tener un estilo muy marcado y a la vez, dejarse llevar por la creatividad.
Todo este «sinvivir» que se apoderó de mí, de repente esta semana, y que me ha hecho cuestionar mi trabajo actual, fue porque estuve estudiando la obra de unos artistas en los que veo un estilo y mensaje potente.
Entonces me pregunto ¿Necesito trabajar más sobre mi estilo? ¿Tengo que acotarlo, definirlo más para que el mensaje llegue más fuerte?
Entono el mea culpa, porque creo que tengo que contestar que sí. No he trabajado de manera inteligente, sino dispersa. Me he dispersado en los colores, en la temática, en el tratamiento…, porque,
¿Qué es el estilo?
El estilo es el conjunto de signos identificativos de un artista.
¿Cuáles son esos signos identificativos?
-La gama de colores que utiliza
-La temática
-La imaginería
-Su lenguaje visual
-La técnica
Y podría seguir con más signos, como las herramientas que utiliza, etc., pero he señalado los que me parecen principales. En otras ocasiones he hablado de lo importante que es para un artista, que se le identifique con su trabajo. ¡Es que es primordial!
Es más fácil decirlo que conseguirlo. Lo sé.
Hay artistas muy inteligentes que controlan al máximo este aspecto.
Aunque por otra parte, es muy fácil convertirse en esclavo del estilo. Eso me da mucho miedo. Te puede aburrir tanto control, pintar siempre más o menos parecido, con pocas variantes.
Tener un estilo muy marcado, acotado, con un mensaje muy potente, tiene muchas ventajas. La primera y principal es a la hora de comercializar la obra. De trabajar con un galerista, etc.
Como conjugar ambas cosas, tener estilo y a la vez tener amplitud de movimientos, libertad.
Entonces empecé a pensar en los aspectos identificativos de mi trabajo. Pensé en los colores.
Se puede estudiar, utilizar siempre los mismos colores. Esos colores que nos encantan y con los que nos sentimos cómodos, esos que manejamos con más soltura. Y trabajar todo lo demás con libertad.
O bien utilizar siempre la misma temática o situarse en un estilo visual de una época determinada.
También hay artistas que deliberadamente incluyen siempre en sus obras algún elemento identificativo, como por ejemplo: unas rayas, unos puntos…
Para concluir, yo pienso que lo ideal es que haya un equilibrio entre disfrutar con lo que se hace, y a la vez saber posicionarse y destacar de entre otros artistas, cultivando y controlando el estilo, porque eso nos va a traer los beneficios económicos. Se trata de cuidar nuestra marca, tiene más valor del que le damos los artistas. Pero hacerlo de manera que el estilo no se convierta en un monstruo que te esclaviza.
Ya te echaba de menos. Lo de hoy,me ha gustado mucho.
Gracias Rosa por pasarte por aqui! Y me alegro de que la información te haya gustado.